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¿Puede la realidad virtual transformar la salud mental?
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La realidad virtual está ganando espacio en diversas áreas, pero una de sus aplicaciones más prometedoras podría estar en la salud mental. Investigadores y profesionales de la psicología han estado estudiando cómo los entornos virtuales inmersivos pueden ayudar en el tratamiento de trastornos como la ansiedad, las fobias y el trastorno de estrés postraumático (TEPT).

Pocos temas han recibido tanta atención en los últimos años como la realidad virtual (VR). Aunque existe desde hace décadas, la VR finalmente llegó al mercado de consumo a través de dispositivos como Oculus Rift, HTC Vive y, más recientemente, visores compatibles con teléfonos inteligentes. Sin embargo, la realidad virtual no representa solamente una innovación tecnológica: también puede transformar la forma en que abordamos los problemas de salud mental.

No hace mucho tiempo, hablar sobre problemas psicológicos era considerado un tabú. Hoy, la magnitud de estos trastornos ya no es un secreto. Se estima que una de cada cuatro personas experimentará algún problema de salud mental en algún momento de su vida. Las consecuencias de esta situación van más allá del sufrimiento individual y generan impactos sociales y económicos significativos.

Por ello, la forma de tratamiento es fundamental. El asesoramiento psicológico puede ser eficaz hasta cierto punto, pero los cambios más profundos suelen ocurrir cuando las personas se enfrentan a las situaciones que les generan malestar y aprenden directamente a pensar, sentir y actuar de una manera más constructiva.

Este enfoque se conoce como terapia de exposición, una de las estrategias más utilizadas para tratar fobias, ansiedad y trastornos relacionados con el miedo.

En la práctica, esto significa salir del consultorio e interactuar con el mundo real, con el terapeuta actuando de forma similar a un entrenador o guía. Desafortunadamente, esto rara vez sucede. Incluso cuando los profesionales reconocen los beneficios de este enfoque, la falta de tiempo y recursos suele limitar su aplicación.

El panorama, por lo tanto, no es el mejor. Uno de los grandes desafíos de la salud pública es la dificultad para ofrecer las terapias más eficaces a la mayoría de las personas que las necesitan. Aun así, podríamos estar frente a un avance importante gracias a una tecnología que existe desde hace más de medio siglo.

La realidad virtual permite crear simulaciones altamente realistas de los escenarios donde ocurren muchas dificultades psicológicas. De repente, ya no es necesario que un terapeuta acompañe a un paciente a un centro comercial lleno de gente, a un puente elevado o a cualquier otro entorno que despierte ansiedad o miedo.

Paciente en una sesión de terapia mediante realidad virtual.

Situaciones difíciles o imposibles de reproducir durante una sesión tradicional, como viajar en avión o revivir acontecimientos asociados al trastorno de estrés postraumático (TEPT), pueden recrearse virtualmente con unos pocos comandos.

Por esta razón, la realidad virtual ha comenzado a considerarse una forma de terapia inmersiva, permitiendo que los pacientes enfrenten situaciones desafiantes en entornos controlados y seguros.

El entrenamiento práctico que suele generar resultados positivos en diversos trastornos puede realizarse dentro del consultorio, utilizando escenarios virtuales ajustables en diferentes niveles de dificultad y repetidos tantas veces como sea necesario.

Entre las aplicaciones más estudiadas se encuentran los tratamientos para el trastorno de estrés postraumático (TEPT), los trastornos de ansiedad, el miedo a volar, el miedo a las alturas y distintos tipos de fobias específicas.

La VR ofrece además otra gran ventaja. Comprensiblemente, enfrentar situaciones difíciles, incluso como parte de un tratamiento, puede resultar intimidante para muchas personas. Sin embargo, al tratarse de un entorno virtual y controlado, esa resistencia tiende a disminuir.

Con frecuencia somos capaces de hacer en realidad virtual cosas que evitaríamos en la vida real. Y aunque el entorno sea generado por computadora, nuestro cerebro y nuestro cuerpo responden como si se tratara de una experiencia auténtica. Esto significa que los aprendizajes adquiridos en la VR pueden transferirse a situaciones reales del día a día.

Simulación virtual que representa la terapia de exposición.

A pesar de este potencial, no basta con que los fundamentos psicológicos sean correctos. La experiencia de realidad virtual también debe diseñarse cuidadosamente. Gran parte de las aplicaciones disponibles todavía están lejos de alcanzar todo el potencial que esta tecnología puede ofrecer.

Cuando se desarrolla adecuadamente, la realidad virtual proporciona experiencias altamente inmersivas e impactantes. Las terapias virtuales deben ser tan estimulantes como los mejores videojuegos si quieren mantener a los pacientes comprometidos durante todo el tratamiento.

Naturalmente, los tratamientos basados en VR también deben someterse a evaluaciones científicas rigurosas y ensayos clínicos bien diseñados. Todavía queda mucho trabajo por hacer, pero los beneficios potenciales pueden ser extraordinarios.

En los últimos años, el avance de los dispositivos de realidad virtual y el crecimiento de las investigaciones en salud digital han incrementado el interés por las terapias basadas en entornos virtuales. Aunque aún existen desafíos relacionados con la adopción clínica y la validación científica, los especialistas consideran que esta tecnología es una de las más prometedoras para el futuro de la salud mental.

Muchos afirman que la realidad virtual es una tecnología en busca de un propósito. En el ámbito de la salud mental, puede que finalmente lo haya encontrado.

Fuente: Daniel e Jason Freeman para The Guardian UK

Artículo actualizado el 29/05/2026